Aunque la experiencia se desarrolla mediante un recorrido lineal y dirigido, el espacio está diseñado para permitir que cada usuario lo viva de una manera diferente y personal. La arquitectura conduce el movimiento hacia un único punto central, igual que ocurre en las composiciones perspectívicas del Quattrocento, donde la mirada del espectador es guiada mediante líneas rectas y profundidades cuidadosamente construidas. Sin embargo, dentro de esa estructura aparentemente rígida, la experiencia emocional nunca es completamente igual.Cada elemento del espacio, como la luz, los sonidos, las sombras, los reflejos o las ilusiones ópticas, modifica la percepción del visitante dependiendo de su posición, de su ritmo al caminar o de la atención que presta a cada detalle. Aunque el recorrido físico sea el mismo para todos, las sensaciones cambian constantemente. Algunos usuarios pueden sentir el espacio como un lugar de calma y recogimiento, mientras que otros pueden percibirlo desde la nostalgia, la distancia o incluso la inquietud.Esta relación entre recorrido controlado y experiencia libre convierte el espacio en una propuesta abierta a la interpretación. El visitante avanza por un camino marcado, pero las emociones que experimenta nacen de su propia memoria, de sus recuerdos y de la manera en que conecta con la atmósfera construida por la obra y el espacio.