La luz y la oscuridad construyen dentro del espacio un diálogo constante entre el presente y el pasado. La oscuridad representa aquello que permanece oculto en la memoria: los recuerdos difusos, las emociones difíciles de explicar y la sensación de un tiempo lejano que todavía sigue presente. En cambio, la luz aparece como un elemento que guía al usuario hacia el ahora, hacia la experiencia inmediata y consciente del espacio.Sin embargo, ambos elementos nunca llegan a separarse completamente. La luz nace desde el fondo oscuro y la oscuridad envuelve constantemente las zonas iluminadas, generando una convivencia permanente entre ambos tiempos. El visitante avanza entre sombras mientras busca la claridad, como si caminara entre recuerdos que aparecen y desaparecen continuamente.Esta relación transforma el recorrido en una experiencia emocional más que física. Cuanto más cerca está el usuario de la luz, más acogido y absorbido se siente por el espacio; cuanto más se aleja, más fría y distante se vuelve la atmósfera. La luz y la oscuridad dejan así de ser simples contrastes visuales para convertirse en una representación simbólica del presente y el pasado: dos estados que se persiguen, se mezclan y conviven constantemente dentro de la memoria y de la experiencia humana.